Noche de fuegos en Alcalá 2016

Noche de fuegos en Alcalá 2016, municipio de Guía de Isora.

15 de agosto.

 

Noche de fuegos en Alcalá 2016: La magia del fuego.

 

Los fuegos de Alcalá, en el embrujo de la noche, emergen del centro de un círculo de agua, rocas y gente.  Por tierra, todo el litoral de la bahía poblado hasta el delirio, y por mar, un sinnúmero de barcos que cierran el círculo. El que viene una vez repite,  la emoción que experimenta y que se traduce, en aplausos y vivas a la Virgen, solo se puede experimentar aquí, porque no eres solo espectador, eres miembro activo de la magia del fuego.

Alcalá lleva casi un siglo ofreciendo exhibiciones pirotécnicas en un marco incomparable

En el sur de Tenerife, hablar de actos festivos en agosto es pensar en Alcalá y sus fuegos. Es la inquietud, el trabajo y la ambición de sus gentes para que la ilusión efímera de los artificios sea mejor cada año. Casi un siglo lleva este pueblo de Guía de Isora atrayendo visitantes de toda la Isla, de otras partes de Canarias, e incluso de la Península y del extranjero, a sus fiestas en honor a la Virgen de Candelaria, con el reclamo de los fuegos artificiales, que cada año se celebran el 15 de agosto.

El investigador José María Mesa asegura que en 1925 aparece la primera referencia histórica a esta parte de los festejos. En aquella época, “un bote de pescadores tira fuegos artificiales y avanzaba en paralelo a la costa, hasta que llegaba al final de la muralla” donde se celebraban los bailes.

Eran tiempos de los barcos de cabotaje, que tenían en Alcalá una de sus escalas, y de los veraneantes que bajaban de Chío y Guía. Al año siguiente, 1926, también se tirarán fuegos desde un bote y en la zona de la ermita, pero se introduce uno de los grandes aciertos del espectáculo: “también se quemarán bonitos fuegos de artificio en el risco llamado Baja de Afuera” según recogía el programa de las fiestas de ese año.

Las fiestas incluían los denominados «paseos con música» o los bailes con pianola, celebrados supuestamente en la muralla, que es la zona elevada junto al embarcadero, hoy calle La Muralla.

Uno de aquellos barcos de cabotaje, conocido como «el vapor Virgen del Carmen», hacía un viaje extraordinario a La Gomera y volvía con personas que venían «especialmente» a la Fiesta de Alcalá. Los fuegos eran realizados por José y Manuel Rodríguez Alonso, pertenecientes a una familia de afamados fogueteros de Guía de Isora.

Los fuegos de Alcalá fueron novedosos desde el principio, aunque su gran impulso lo alcanzan con el desarrollo de zonas turísticas en municipios vecinos. Hoy resulta difícil ver los fuegos desde Alcalá si no se viene varias horas antes.

Lo que cuestan estos fuegos es uno de los secretos mejor guardados por las diferentes comisiones de fiestas. Como regla no escrita de los últimos años, especialmente las últimas dos décadas, los fuegos suponen la tercera parte del presupuesto de los festejos. Conseguir ese dinero significa año tras año un gran esfuerzo, pidiendo casa por casa, comercio por comercio, organizando eventos, etc.

Los fuegos se tiran desde cuatro puntos: la Baja de Afuera, Filo Méndez, Baja de Tierra y un margen de la bahía. El trabajo más duro es transportar los sacos de arena hasta las bajas para sostener las carcasas de los fuegos. Son unas 2.500 bolsas de 20 kilos cada una, que se llevan en pequeñas embarcaciones. Si hay suerte con la mar, se tardará dos días en esa tarea.

Los fuegos han crecido en cantidad, calidad y espectáculo, pero mantienen el mismo esquema desde hace más de 40 años. Su encanto está en el escenario, integrado por las bajas de lava volcánica, el embarcadero y la muralla, y en que se tiran de cuatro puntos distintos al mismo tiempo. “Si el estado de la mar es bueno, está despejado y corre algo de brisa, la exhibición alcanzará su máximo esplendor” señalan responsables de la Comisión de Fiestas.

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