Los Hachitos 2016 de Icod de los Vinos

Cientos de “luceros” encienden la noche de Los Hachitos 2016 de Icod de los Vinos, víspera de San Juan, en la cual el fuego es tradicionalmente el protagonista principal.

23 de junio.

Como cada 23 de junio, víspera de San Juan, Icod de los Vinos se enciende con el fuego y el colorido de sus tradicionales “hachitos”. Un auténtico espectáculo: cabalgata, enrames, diablos, “hachitos”, música, bolas de fuego y hogueras. El 23 de junio es la celebración mágica de la cita con el solsticio de verano, la fiesta del sol, del agua, del fuego y de la luz.

 

Historia y tradición en Los Hachitos de Icod de los Vinos.

 

La fiesta del Magec Guanche, el rito del mestizaje más puro entre lo aborigen y lo cristiano, una tradición festiva de características únicas y que los antropólogos afirman tiene en la isla, un origen anterior a la conquista de Tenerife por la Corona de Castilla.

Los guanches usaban los hachos o antorchas, confeccionados con madera de tea, para alumbrarse por la noche y para festejar la llegada del buen tiempo, pero a orillas de la mar, hachos y hogueras también sirvieron para ayudar a la navegación en estas islas, advertir de presencias no deseadas y establecer códigos de comunicación de una parte a la otra de la isla.

En la Noche de San Juan, millones de hogueras arden alrededor del mundo lanzando su cántico de fuego a la luna, utilizando el fuego como elemento purificador. Todas las culturas y todos los pueblos han celebrado y celebran el solsticio que da comienzo al verano, desde el Antiguo Egipto hasta el Lejano Oriente o el mundo celta de los druidas.

Es la noche mágica por excelencia, de los milagros y de las curaciones; la noche del amor, en la que todos los ritos y los encantamientos se hacen pocos para satisfacer los deseos de los que invocan al bien y ahuyentan el mal.

Cientos de luceros, “los hachitos”, se encienden en Icod de los Vinos; desde San Marcos hasta El Amparo, pasando por El Riquel y el Lomo de Las Canales, para iluminar la víspera de San Juan. En la actualidad y según la zona del municipio, se puede hablar de características propias y diferenciadoras entre los mismos.

 

Los “hachitos” de El Amparo.

Nos relatan los vecinos que antaño sus “hachitos” eran manojos de tea encendidos, y que es la tradición más antigua del barrio de El Amparo. La leyenda apunta a la pérdida de un niño llamado Juan, al que los vecinos salen a buscar con hachitos, el cual encuentran dormido en la noche de San Juan, a partir de entonces se conmemora el milagro, sacando en procesión al Santo y haciendo el encuentro de los hachitos.

Estos se adornaban con las flores que se cultivaban en casa, ramas de laurel y castañero. Al laurel se le atribuyen la cualidad de espantar los malos espíritus que en la noche de San Juan perecen en el fuego.

En el barrio del Amparo – al ponerse en los hombros de los porteadores-, pueden alcanzan los dos metros de altura, llevan tres brazos, son una especie de candelabros o estandartes, elaborados con madera, rematados en sus extremos con cacharros que contienen paños mojados en petróleo y que se encienden como antorchas. Éstos son decorados con ramas, granos, flores, frutas y cintas, llegando a ser auténticas obras de arte.

Al caer la noche hace acto de presencia el fuego de “los hachitos”. Comienza el desfile desde El Amparo subiendo la montaña del Sabuguero  hasta la Vega, y al llegar a la cima bordean una hoguera de grandes dimensiones encendida unas horas antes, siempre acompañados con la música del “tajaraste” de la orquesta El Poleo, que se mezcla con la alegría de los vecinos. Descienden por el otro extremo de ladera al encuentro de San Juanito, y la procesión se encamina entonces hasta la plaza del Amparo, punto de encuentro vecinal para la fiesta y el regocijo popular.

 

Los “hachitos” en la playa de San Marcos.

Antiguamente los icodenses bajaban a la playa en familia, desde el mediodía, pasaban la tarde en la playa y al caer el sol hacían hogueras, se  compartía la comida entre todos, se asaban sardinas, se bañaban en el mar y se esperaba el amanecer.

Eran fiestas eminentemente familiares. Con el paso del tiempo comenzaron a bajar los jóvenes desde Las Charnecas, costumbre que se mantuvo unos años, pero ante el carácter masivo que tomó la convocatoria con la llegada de jóvenes de otros lugares que no conocían el terreno, se prohibió el descenso por la peligrosidad del recorrido.

Ahora se sale muy cerca, desde una hoguera gigante que se hace en El Riquel,  hacia la playa portando sus “hachitos”, los que “señalan” al mar con su único brazo, hechos con un cacharro que llenan de combustible al que le ponen una mecha de manta, sujetos a un palo, a modo de antorcha y de aproximadamente un metro.

Les acompaña una fanfarria y les espera San Juanito, que sale desde la ermita en procesión hasta la rotonda de la playa. Allí, junto al sacerdote, espera la bajada de los “hachitos”, cuyos portadores serán bendecidos por el cura.

Al final el Santo regresa a la ermita, para el día siguiente ser embarcado en los barcos enramados que recorren la bahía hasta la playa Monís, después del oficio religioso en su honor y en el de Inmaculado Corazón de María.

En el muelle “los hachitos” concluyen con una gran paella, risas y diversión, rememorando tiempos pretéritos en los que imperaba ese carácter familiar.

 

Los “hachitos de Las Canales”.

Se data en 1964, la llegada desde Venezuela de la imagen de San Juan Bautista al barrio de Las Canales. Fue un regalo de un grupo de vecinos emigrantes, y se señala este hecho como el origen de la primera fiesta de fuego en honor al Santo, – aunque los mayores del lugar, recordaban que antiguamente se alumbraban en la procesión con “hachitos”-.

Antes del protagonismo del fuego, incluso antes de haberse construido la ermita, en Las Canales ya se honraba una imagen más pequeña de San Juan, en la zona que se conoce como El Chorro. Allí enramaban y montaban la fiesta en plena calle, pues en Las Canales, como en otros barrios de Icod de los Vinos, también se recoge la rama para decorar la plaza y las calles, es símbolo de buen presagio; por eso, muchas familias continúan colgando las plantas en las puertas de sus viviendas, o colocando hojas de laurel en las tinajas de agua.

Con el paso del tiempo el número de participantes en la fiesta del fuego se redujo, y la tradición pareció estar en peligro de extinción, hasta que Benigno Ramos, un vecino de este barrio icodense, construyó la primera torreta de fuego para San Juan con carozos de piñas de millo y serrín.

El ingenio y la creatividad hicieron acto de presencia, y así aparecieron los cacharros: miles de latas colgadas de cables, rellenas de combustible y una mecha. Se van colocando de forma estratégica para formar un gran corazón, letras, visibles cuando les prenden fuego, y que se pueden disfrutar desde varios puntos de Icod de los Vinos y la Isla Baja. También comenzaron a lanzarse bolas de fuego hechas de paños y a construir con palos gruesos una cruz, que llega a alcanzar los doce o catorce metros.

“Los hachitos” de Las Canales se colocan en la ladera – que es privada- y está situada dentro el espacio protegido de los acantilados de La Culata. Estos se ponen en las lomas haciendo veredas, letras, torretas, un corazón y una cruz, ambos de grandes dimensiones.

El 23 de junio es el día grande, cuando los vecinos se despiertan temprano para prepararlo todo, limpian la ladera, se hace el hueco para la gran cruz, se instalan las torretas de tubos con sus “churros de manta” – tiras de manta de las usadas para envolver las piñas de plátano, rodeadas de alambre y empapadas de gasoil-; se preparan los “hachitos”, buscan el combustible, enraman el chorro del agua con hojas de laurel y bendicen, durante la misa, el agua, el fuego y los productos de la tierra.

Por la tarde, alrededor de las siete se coloca ya la cruz en el orificio. Bajo ésta se encenderá, a las diez de la noche,  el gran corazón hecho de “hachitos” y, “todos a una”, se lanzarán las bolas de fuego ladera abajo, representando el descenso de la lava…

También es tradición de los festejos de San Juan, la cabalgata anunciadora, que se celebra unos días antes de la noche más esperada por el pueblo de Las Canales, y salen a la calle “el diablo y la diabla” acompañados por los cabezudos, que recorren el barrio al ritmo de la banda de cornetas y tambores.

Un auténtico espectáculo: cabalgata, enrames, diablos, “hachitos”, bolas de fuego y hogueras.
Miles de cacharros,  kilos de tela y cientos de litros de gasoil se consumen en esta noche. Vale casi todo, las latas de refrescos, mantas viejas para las mechas, trapos… A pesar de la invasión del plástico, los icodenses se afanan en conservar la tradición, si bien es cierto que el Ayuntamiento de la Ciudad se implica y colabora para mantener una de las tradiciones que les distinguen.

La víspera de San Juan, en todo el municipio arden los “hachitos”, se encienden los cientos de luceros de Icod de los Vinos, el aire se impregna de humo y miles de personas – entre vecinos y visitantes-  disfrutan de estas pintorescas tradiciones que ya forman parte de la esencia de este municipio, de este “pueblo de pueblos”.

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