Naturaleza de Tenerife

Pico del Teide, Las Cañadas, Tenerife

Cuenta una leyenda que cuando Dios creó las constelaciones un puñado de polvo de estrellas se deslizó de sus dedos y cayó en el Océano Atlántico formando las siete Islas Canarias. Cada lugar tiene sus leyendas pero hay que reconocer que una diversidad climatológica y paisajística tan grande como en este Archipiélago tan pequeño no es fácil encontrarla en otro lugar del planeta.

Playa de Las Teresitas, TenerifeTenerife, la más grande por dimensiones puede ofrecer en un mismo día las 4 estaciones en muy pocos kilómetros de distancia y pasar en poco más de una hora en coche de unos bosques densos y acariciados por una ligera nieblina a unas playas soleadas, blanca o negra.

Desde un paisaje lunar, esculpido por los volcanes, tras unas pocas curvas, se pasa a bucólicos campos de cultivo en las medianías, donde los viñedos se alternan a los castaños, las flores abundan en cada rincón y se mantienen durante todo el año.

Hasta llegar a su alma tropical, la de las plataneras, de los mangos, las guayabas, las chirimoyas y las papayas, la de los jardines botánicos de aclimatación y una vegetación salvaje autóctona con endemismos únicos.

 

El clima privilegiado de las Islas Canarias.

Estas condiciones climáticas privilegiadas, la total ausencia de animales peligrosos, de fenómenos naturales catastróficos, frecuentes en otros lugares y una política de acondicionamiento de los senderos y de los rincones naturales más carismáticos, hacen que esta isla siga siendo el destino favorito de millones de turistas europeos y siempre más conocida a nivel internacional.

Las ventajas de poder relajarse en una playa en los meses invernales o de visitar bosques de laurisilva, volcanes sin riesgo de erupción, ciudades modernas y pueblos pintorescos, disfrutando de todas las ventajas de seguir estando en Europa, transforman las Canarias en general y Tenerife en particular en “¡una tierra única!”.

 

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